El saber deja una huella
que perdura y se recupera

Una biblioteca que conserva la memoria de Yohmor al-Chaqif y su gente, y pone libros, grabaciones y documentos al alcance de sus habitantes, investigadores y futuras generaciones.

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Vista de Yohmor al-Chaqif, sus casas y las colinas circundantes

Presentación

Lo que realmente me impulsó a adentrarme en el mundo digital, pese a mi escaso conocimiento de él, a pensar en abrir mi biblioteca y publicar poco a poco todo lo que contiene —fotografías, grabaciones de vídeo o de audio y documentos relativos a mi pueblo, Yohmor al-Chaqif, y a su gente—, y a poner todos mis documentos a disposición del público, fue este terremoto que sacudió los pueblos de Amila, incluido el mío, cuyos detalles anidan todos en lo más profundo de mi corazón. Fue como si todos los males y malhechores de la tierra se hubieran unido contra la gente de nuestra región, con el propósito de borrar la memoria y sus huellas y de desarraigar a las personas. Pero jamás, jamás…

Después de que miles de defensores cayeran como mártires, de que decenas de pueblos de Amila fueran saqueados y luego arrasados, de que robaran olivos centenarios e incendiaran huertos y fincas, el Gengis Kan de nuestra época superó a su maestro arrasando cementerios, caminos, vestigios, casas antiguas y todo lo hermoso.

Porque la lucha entre el bien y el mal comenzó con la creación y solo terminará cuando esta desaparezca, las generaciones futuras tienen derecho a que seamos nosotros, y no nuestros enemigos, quienes dejemos constancia de cada detalle de nuestro presente, para que les sirva de luz y guía, les ahorre largos recorridos en el tiempo y les permita saber qué deben hacer.

Después de todo lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en nuestro pueblo, transformando cada uno de los lugares que deleitaron nuestros ojos y cada rincón que declara su amor a quienes lo aman: del río al castillo, de la llanura a al-Nabouʿ, del castillo de Safita a al-Dabsh, de la mezquita antigua a la nueva, pasando por el club husseiní y la escuela construida por los vecinos; de lo más hondo del corazón a los seres queridos que reposan en la tierra de su cementerio.

Por eso sentí que el deber me impulsaba a poner todos mis documentos a disposición de la gente de mi pueblo y de los investigadores de Amila. En los detalles de la vida se completan los sentidos y los significados de la historia.

Es también un llamamiento a todos los pensadores, trabajadores de la cultura y artistas para que se arremanguen, y a cuantos poseen documentos sobre sus pueblos para que los publiquen, e incluso para que registren cada detalle de nuestra vida antes de que se pierda con el paso de los días y los años. Así lo exige nuestro deber nacional y humano hacia la tierra de Amila, que ha acogido miles de cuerpos en su suelo. Se libra una guerra feroz contra la memoria con todos los medios concebidos por el ser humano; sin embargo, en nuestros pechos arraiga la convicción de que nosotros permanecemos y ellos solo están de paso. Por Dios, no borrarán nuestro recuerdo.

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